proyecto individual de Fernando Carabajal dentro del ciclo Fábulas de fantasmas, dos shows individuales entrelazados.
"De poderse encimar la transparencia de los 308 fantasmas dibujados hasta ahora, aparecería, por fin, ese fantasma único, borboteante como el mar en su espuma, ingrávido como el cielo en su nube, ondulante como el fuego en su temperatura, estratificado como la tierra es su compactación. Podría tocarse, al fin, la dureza de la melancolía".
La esencia del fantasma es la esencia del dibujo: la aparición. Habitante de los mismos espacios, dibujante y dibujo manifiestan una presencia ominosa, proveniente de la sombra, la cual, después de algunos días, sucede vez tras vez, hasta ser parte del tiempo, sin poder frenarse pero sí explorarse. El soporte y medio para dicha energía ha sido una serie de libretas y herramientas de distintas cualidades durante casi año y medio, que me han permitido tal condensación visual, aprehender lo evasivo y solidificarlo en cierta clase de materia.
Por supuesto que nuestro imaginario colectivo remite a que una sábana es la representación de la fantasmagoría, que deambular sin descanso en un bosque o castillo es su función y que su triste eternidad le hace causar miedo a los vivos, esto último para no ser olvidada, es decir, que algo reclama, que se lamenta por algo inconcluso y que, desde su nuevo plano, le es ya imposible terminar. Para mí, sin embargo, un fantasma es una clase de pregunta constante en torno al Ser artista, a qué dejas de ser por darte dicha existencia; acerca del por qué tenemos el poder oculto de aparecer y dar cuerpo y forma a ciertas entidades que ocupan un espacio en la realidad del mundo; acerca de la pausa que causa al observante y que disloca brevemente su multiverso lleno de certezas, sentidos y congruencias.
Cada fantasma viste una sábana única, porque la sábana no es el fantasma sino su cubierta, y aunque parecen una misma cosa, cada uno ha sido irrepetible porque se corresponde con un puntual momento en que me ha sido posible conjurarlo. Cada fantasma entonces es una relación, y por las tardes e incluso madrugadas reclamaron mi atención de la mano del romanticismo de Felix Mendelssohn, por ejemplo, quien no casualmente escribió algo llamado Lieder ohne Worte (Canciones sin palabras) en el afanoso intento de no decir nada más que los sonidos. Así entonces la sábana es la más simple de las máquinas: solo hace aparecer, pero el fantasma es tiempo, la existencia que solo se alcanza a representar en lo sublime, mientras que el resto de instantes solo son amalgamas, nudos que, aunque apretados, jamás existen. Así, no puede haber mejor superficie que un cuaderno cosido para ellos y para mí, para casi tocarlos, para casi poseerlos.
Porque decir “un fantasma” es una clase de pleonasmo. Decir “dos fantasmas”, una reiteración. Decir “casi dos fantasmas” es, significativamente, precisión.
Fernando Carabajal