proyecto individual de Verónica Rodríguez
Recién conocí a Verónica hace poco menos de dos semanas. Antes de eso, tuve la oportunidad de revisar durante meses la propuesta que Fernando Carabajal planteaba como Instantes recuperados sin terminar de entender el hilo conductor de la muestra en su cabeza. A mi encuentro con Rodríguez en su natal Guadalajara, descubrimos entre muchas otras afinidades, la preocupación por la visión que el artista comisario -término que ha causado un leve revuelo entre nuestra pequeña comunidad- tenía para el show que ahora presentamos.
Así durante la visita de estudio sostenida ese caluroso lunes, Verónica y un servidor compartimos puntos de vista sobre la ciudad, México, la arquitectura, el efecto del paso del tiempo sobre esta e inclusive el cuestionamiento de como ciertas piezas de la selección calzaban con dicho discurso. Dudas había, pero teníamos la claridad de estar en sintonía con cierto aspecto melancólico evidente en su obra.
Roberto García Hernández describe Instantes recuperados como una selección (finísima, muy propia del maestro Carabajal) de resquicios del paisaje tapatío. Aunque se trata de varios pedacitos de superficies urbanas que perfectamente podrían provenir de aquí mismo, en los varios conjuntos de pinturas poco a poco va apareciendo un claro aire característico del encanto de provincia, pero esta vez bajo un tamiz melancólico que sólo puede provenir de la Perla de Occidente.
Si algo debo agregar a la puntual descripción de nuestro recientemente exhibido artista, me atrevo a aseverar que hay dentro de esa veta nostálgica un giro inesperado hacia el humor. Guiños que rompen el carácter contemplativo fácilmente atribuible a la obra de Verónica sin restarle seriedad, ¡por el contrario! Se entienden como una abierta invitación a recordarnos la parte dichosa del acto de pintar. Eso nos hace pensar en que quizá estos momentos no sean las instantáneas del paso del tiempo sobre el paisaje y la arquitectura sino las emociones que provocan en nosotros, aquellas a las que volvemos de vez en vez, incluso a manera del chiste privado que nos arranca una sutil sonrisa. Probablemente eso fue lo que Fernando alcanzó a vislumbrar en esta escrupulosa selección de instantes recuperados.
Carlos De La O